Riesgo país

Crimen organizado y riesgo para la inversión en México

Por Mariano Torres · Junio 2026 · 6 min de lectura

La lectura más costosa del riesgo en México es la que se queda solo en la tasa de homicidios. El indicador que tranquiliza a los comités no es el que más afecta a una operación: el riesgo no está bajando, se está recomponiendo.

En 2026 conviven dos realidades que parecen contradictorias. México captó una cifra récord de inversión extranjera directa, impulsada por el nearshoring, mientras el crimen organizado mantiene influencia sobre cerca de un tercio del territorio nacional, operando en varias zonas como autoridad de facto. Para un comité de inversión, conciliar ambas cosas exige una pregunta más precisa que «¿es seguro México?». La pregunta correcta es: «¿en qué estado, en qué sector y con qué controles?».

La mejora visible y la exposición real

Datos preliminares apuntan a una caída notable de la violencia letal. Es una buena noticia, pero leerla como una reducción del riesgo de negocio es un error de método. La violencia letal y la exposición de una empresa no son lo mismo. Mientras el homicidio cede en el agregado, dos vectores menos visibles se mueven en sentido contrario.

El primero es la extorsión —el derecho de piso— que afecta desde la pyme hasta la multinacional, está fuertemente subreportada y va al alza. Es el riesgo que con más frecuencia sorprende al inversionista extranjero que solo miraba la cifra de homicidios. El segundo es de naturaleza nueva: tras la designación de varios grupos como organizaciones terroristas por parte de Estados Unidos, el riesgo de crimen organizado se volvió también un riesgo de cumplimiento y sanciones. Un pago indebido o una contraparte con vínculos ilícitos pueden hoy exponer a una empresa a responsabilidad por "apoyo material" y a jurisdicción extraterritorial.

El riesgo no baja: cambia de forma. Menos violencia visible, más extorsión y una dimensión de cumplimiento que antes no existía.

El riesgo es local, no nacional

La bandera más importante para un inversionista es que el riesgo en México está concentrado y es mapeable. Un puñado de estados acumula la mayor parte de la violencia y de la disputa territorial; varios polos industriales clave permanecen comparativamente seguros. La misma etiqueta nacional esconde realidades opuestas: operar en un estado de bajo riesgo no se parece en nada a operar en uno de los corredores en disputa.

Esto convierte al riesgo en algo gestionable. No se trata de entrar o no a México, sino de seleccionar la ubicación, entender la exposición del sector y dimensionar los controles antes de comprometer capital.

Qué debería hacer un comité antes de decidir


Este artículo resume, en versión pública, una línea de análisis de LASIF. La estimación completa —con panorama de actores, geografía del riesgo, escenarios y matriz de probabilidad e impacto— se elabora a la medida del mercado y la operación del cliente, a partir de fuentes abiertas y con niveles de confianza explícitos. No constituye asesoría legal ni financiera.

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